“Cada vez es más cierta
la frase innovar o morir”, asegura
Carlos Martín-Ríos. Según
el director del Center for Management Innovation (CMI) y profesor de la
Rutgers University de New Jersey (Estados Unidos) la
velocidad en términos de innovación tecnológica se ha vuelto
“exponencial” y “vender
millones de unidades ahora se logra en apenas unos años”, tal como sucedió con
los iPhones y iPads de Apple tras su lanzamiento.
En un contexto en el que “el que más innova es el que se lo
lleva todo”, el
technology scouting –o vigilancia tecnológica- no es sólo “un
tema de moda” sino una oportunidad para
adquirir un conocimiento que, bien
gestionado, “debería tener como consecuencia la puesta en marcha de iniciativas
de innovación tecnológica que permitan alcanzar mayores rendimientos o
beneficios para una organización”, afirmo el director del CMI en la cuarta
sesión del
Foro RedEmprendia.
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Numerosos asistentes pudieron seguir la conferencia desde
las instalaciones de la Universidad de Antioquia |
¿Qué es la vigilancia
tecnológica? “Básicamente estar atento a lo que ocurre en el entorno
respecto a cuestiones del ámbito tecnológico”, explicó el profesor Martín-Ríos. Pero
no se trata sólo de adquirir conocimiento tecnológico, sino también de explorar
posibles alianzas, conocer lo que está haciendo la competencia, detectar
oportunidades a nivel financiero y conocer cuestiones técnicas y legales que
puedan afectar a la estrategia innovadora de la empresa.
La vigilancia tecnológica se puede dividir en cuatro etapas: análisis de necesidades,
definición de las fuentes de información, análisis tecnológico (elaboración de
informes por parte de consultores y expertos en base a la información
recopilada: proceso que se enmarca en el concepto inteligencia tecnológica) y
gestión tecnológica (toma de decisiones respecto a nuestra estrategia de
innovación).
Según el director del CMI, adoptar prácticas de vigilancia
tecnológica permite actualizar el conocimiento en tecnología de las
organizaciones, pero también sirve para apoyar el proceso de investigación y
establecer el grado de novedad de un desarrollo tecnológico, ayudando a saber
hasta qué punto una innovación es relevante o una “moda pasajera”. Todo ello repercute en
la estrategia de I+D+i de la empresa, permitiendo minimizar el riesgo a la hora
de elaborarla. “Cuando una empresa usa
los tres ejes: vigilancia, inteligencia y gestión tecnológica, puede tener una
visión más clara de hace donde va al mercado y podemos hacer una mejor
planificación de recursos y estrategia de I+D+i”, concluyó.
Redes para la vigilancia
Uno de los métodos para desarrollar la vigilancia
tecnológica es precisamente a través de relaciones
inter-empresariales y redes de colaboración, sean estas formales –mediante el
establecimiento de acuerdos, contratos y alianzas- o informales, como el
intercambio de información en eventos, foros y otras actividades de networking.
Según el director del CMI,
“los estudios demuestran que participar en redes de colaboración e
intercambio de conocimiento tiene un impacto positivo para las empresas en
términos de innovación, adaptación al cambio, creación de valor o resultados
empresariales”. Esto es así no sólo para las grandes empresas, sino también
para las pymes. A modo de ejemplo, Carlos Martín-Ríos expuso los resultados de
una investigación propia realizada entre las empresas de base tecnológica
ubicadas en el parque científico y tecnológico de una universidad. Este análisis
demostró que la participación en redes “tenía un efecto positivo tanto en la
innovación como en los resultados financieros” de las empresas.

¿Y existen riesgos? Según Carlos Martín-Ríos, los intercambios de conocimiento se suelen dar en cuestiones que son fácilmente imitables pero cuya difusión no tienen consecuencias graves para la empresa: procesos, cuestiones organizativas, elementos de mejora continua y no innovaciones disruptivas. Tener clara la estrategia de innovación es fundamental para saber qué se puede compartir y qué no. Además, apunta que cuando se habla de "temas sensibles" lo más habitual es firmar acuerdos formales y establecer alianzas estratégicas.
Por otra parte, hay numerosos factores que influyen en este intercambio de
conocimientos entre las empresas y organizaciones, como los recursos y personal
disponibles para desarrollarlo o la proximidad geográfica, una “condición
necesaria pero no suficiente”.
Alianzas universidad-empresa
El perfil del vigilante tecnológico se
corresponde con el de una persona con conocimientos técnicos grandes que les
permitan estar al día en temas de proyectos de investigación, normativas,
patentes… y también con unas habilidades sociales importantes para establecer
vínculos con instituciones públicas, con otras empresas, para acudir a foros y
congresos. Las grandes empresas incluyen
este tipo dentro del cuadro de personal de la compañía, sin embargo, en las
pymes sueles ser un consultor externo.
Martín-Ríos destacó también el papel central que
deben jugar las universidades en la vigilancia tecnológica y el desarrollo
económico. En este sentido, sostiene que
“las pymes podrían beneficiarse mucho si
la universidad asumiese el papel de mediadora y facilitadora en la
transferencia de conocimiento”, y apuntó que cada vez son más las
instituciones educativas que apuestan por ello. “Lo fundamental a la hora de la
relación universidad-empresa es que exista
dinamismo de ideas”.
La cuarta videoconferencia del Foro RedEmprendia 2013 contó con la participación de la
Universidad de Antioquia, el
Observatorio Virtual para la Transferencia de Tecnología (OVTT), la
Fundación Leonardo-Torres Quevedo de la Universidad de Cantabria y el
Centro de Incubación de Empresas de Base Tecnológica del Instituto Politécnico Nacional de México.